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Unos investigadores han reconstruido 6.000 años de historia de la extracción de plomo y plata en Europa y el Mediterráneo. Su método se basa en un testigo de turba extraído en el macizo del Pilat, en Francia, cuyas capas conservan los depósitos de contaminación metálica acumulados a lo largo de los siglos. Este estudio, publicado en la revista Science Advances y difundido por Phys.org, arroja luz sobre la metalurgia antigua desde un ángulo inédito, allí donde los vestigios arqueológicos siguen siendo dispersos.
Turberas que funcionan como archivos naturales
Las turberas se forman muy lentamente y captan el polvo atmosférico capa tras capa. Así conservan la huella de los depósitos vinculados a la explotación minera durante varios siglos, como un libro de historia depositado en el suelo.
Para esta investigación, los científicos perforaron un testigo de turba de dos metros, bautizado Dig1Ter, en el macizo del Pilat, en el Macizo Central. Dataron la secuencia mediante carbono 14 para las capas profundas y mediante marcadores de depósitos radiactivos para los niveles superiores.
El plomo, huella de las minas de plata
En la naturaleza, el plomo y la plata suelen encontrarse juntos en un mineral llamado galena. Para extraer la plata, indispensable para las monedas y los intercambios, las sociedades antiguas fundían la galena, lo que liberaba al aire una cantidad notable de plomo.
Cada yacimiento posee una firma isotópica propia. Al comparar estas firmas con una base de datos de unos 7.000 análisis de minerales, los investigadores pudieron remontarse hasta las regiones explotadas.
Laurion y las Cícladas, los primeros focos mineros
Las huellas de contaminación más antiguas, datadas aproximadamente entre 3700 y 2200 a. C., señalan con claridad la región de Laurion, en Grecia, y las islas egeas cercanas como grandes centros de extracción de plomo y plata. Este hallazgo coincide con los datos arqueológicos conocidos sobre las primeras explotaciones de la zona.
En la Edad del Bronce, la producción metalúrgica se extiende por el Mediterráneo y hasta Turquía, impulsada por redes marítimas que determinan su difusión.
Roma, Francia, Germania y la Britania romana
El estudio cuestiona la idea comúnmente aceptada de que Roma dependía casi exclusivamente de las minas españolas. En la Edad del Hierro, las minas de Francia, Germania y Britania también aportan contribuciones importantes y continuas.
La actividad se reparte entre varios polos de Europa occidental y central, conectados por los grandes ríos y por una red de rutas terrestres y marítimas. Las emisiones alcanzan su máximo al inicio del periodo romano y luego caen con fuerza en la alta Edad Media, un retroceso vinculado a los conflictos políticos, las epidemias y el cambio climático.
Un método para rastrear la larga historia de los metales
Los investigadores han desarrollado el Environmental Match Intensity Index (EMII), una herramienta estadística que mide la intensidad de la contaminación minera según las épocas, como una huella dactilar comparada con unos referentes. La revolución industrial provoca un fuerte aumento de las emisiones de plomo, pero el índice desciende después, ya que las emisiones fósiles e industriales enmascaran las firmas de los minerales.
Según los autores, este enfoque también podría permitir rastrear los cambios atmosféricos de origen humano mucho antes de la revolución industrial. El tema alimenta además el debate arqueológico sobre un posible papel del saturnismo en el declive del Imperio romano.
Preguntas frecuentes
¿Cómo permiten las turberas datar la actividad minera antigua?
Las turberas se acumulan capa a capa y conservan las partículas de plomo procedentes de los depósitos atmosféricos. Al datar el testigo de turba, los investigadores asocian cada nivel a un periodo concreto. Las firmas isotópicas del plomo indican después el origen geográfico del mineral.
¿Dónde se encontraba el centro minero de plomo y plata más antiguo?
Según el estudio publicado en Science Advances, las huellas de contaminación más antiguas, datadas aproximadamente entre 3700 y 2200 a. C., señalan la región de Laurion, en Grecia, y las Cícladas. Estos resultados coinciden con los vestigios arqueológicos de las primeras minas de esta zona.
¿Dependía Roma únicamente de las minas de España?
No. Según este estudio, las minas de Francia, Alemania y Gran Bretaña también aportaban contribuciones importantes y continuas en la Edad del Hierro y en la época romana. El abastecimiento se basaba en varios polos conectados por ríos y rutas.
¿Contribuyó el plomo a la caída del Imperio romano?
La cuestión sigue debatiéndose. Reconstruir la exposición histórica al plomo alimenta este debate arqueológico, pero el estudio no zanja el punto. Sobre todo aporta datos sobre la intensidad de las emisiones según las épocas.
Fuentes
- Peat bogs, the natural archives of mining fallout, reveal ancient Europe's hidden metal networks — Phys.org
Síntesis original redactada con ayuda de inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, verificada automáticamente y traducida del original en francés. La información y las citas pertenecen a sus autores. Leer el original en francés.



