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¿Colonizaron los primeros humanos los desiertos de Arabia únicamente allí donde abundaba el agua? Un equipo dirigido por Jeffrey I. Rose, de la Universidad del Algarve, en Portugal, aporta una respuesta matizada. Tras una prospección de campo de unos 1 500 kilómetros a través del desierto interior, concluye que la presencia de piedra adecuada para fabricar herramientas importaba tanto como la del agua. Sus resultados se publican en la revista Nature.
Una paradoja en el corazón de Arabia
Los modelos de migraciones antiguas suelen suponer que los grupos humanos se establecieron allí donde el acceso al agua era fácil. En Arabia, este razonamiento choca con un enigma. Diversos indicios muestran que las lluvias monzónicas llenaron en otro tiempo lagos y sostuvieron praderas en la vasta zona arenosa del interior de la península. Sin embargo, los rastros de ocupación humana antigua se concentran casi por completo en el borde del desierto.
Este desfase plantea una pregunta sencilla: ¿era el agua el único factor de atracción? Los investigadores quisieron comprobar esta hipótesis sobre el terreno y no solo mediante simulaciones informáticas.
Una prospección a pie entre las dunas
Jeffrey I. Rose y sus colegas recorrieron unos 1 500 kilómetros de desierto para examinar el suelo con sus propios ojos. Inspeccionaron 125 emplazamientos situados entre las dunas. En cada punto buscaron depósitos de lagos antiguos, anotaron la naturaleza de las rocas locales y revisaron las superficies despejadas en busca de herramientas de piedra u otros signos de presencia humana.
Este método se distingue de trabajos anteriores, que se basaban sobre todo en la modelización numérica. Los datos de campo se cruzaron después con mapas geológicos y reconstrucciones de las redes hidrográficas regionales.
Ninguna huella humana, pero lagos antiguos
Pese a una búsqueda minuciosa, el equipo no encontró rastro alguno de ocupación humana antigua. En cambio, identificó indicios de lagos antiguos en 55 emplazamientos, así como conchas fósiles y fragmentos de cáscaras de huevo de avestruz. Estos vestigios indican que, si se hubieran abandonado herramientas en el lugar, los prospectores probablemente las habrían localizado.
El modelo espacial construido a partir de estos datos llega a una conclusión clave: en el 57 % de las zonas consideradas accesibles al agua, la geología no proporciona roca adecuada para tallar herramientas. Los modelos anteriores pudieron, por tanto, sobreestimar la parte de la Arabia antigua realmente propicia para un asentamiento duradero.
Piedra y agua, un binomio indisociable
Al confrontar su modelo con 362 yacimientos arqueológicos conocidos en Arabia, los autores quisieron saber si el agua bastaba para atraer a las poblaciones o si la disponibilidad de piedra desempeñaba un papel decisivo. Su conclusión es clara: el agua por sí sola no puede explicar la distribución de los lugares de poblamiento.
Para los arqueólogos, este enfoque recuerda que un paisaje no es habitable únicamente gracias a sus recursos hídricos. Las poblaciones que fabricaban herramientas líticas dependían también de la materia prima disponible en la superficie del suelo.
Hacia una nueva lectura de las migraciones
Estos resultados invitan a revisar los escenarios de dispersión humana fuera de África e integrar la geología en los modelos. En un comentario publicado en el mismo número de Nature, el arqueólogo Emanuele Cancellieri, también de la Universidad del Algarve, destaca el interés de este planteamiento.
Para el gran público, los desiertos de Arabia siguen siendo un gran campo de exploración: cada nueva prospección puede afinar el mapa de las ocupaciones antiguas y de las rutas que siguieron los grupos humanos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué los primeros humanos apenas se asentaron en el corazón de Arabia?
Según el estudio publicado en Nature, la mera presencia de agua no bastaba. Gran parte de las zonas con acceso al agua carecía de rocas adecuadas para fabricar herramientas, lo que limitaba un asentamiento duradero.
¿Cómo estudiaron los investigadores el desierto de Arabia?
El equipo de Jeffrey I. Rose realizó una prospección de unos 1 500 kilómetros, inspeccionando 125 emplazamientos entre las dunas. Después, estos datos se integraron en un modelo espacial contrastado con 362 yacimientos arqueológicos.
¿Se encontraron huellas de presencia humana durante este estudio?
No, no se halló ningún rastro de ocupación humana antigua durante la prospección. Los investigadores sí detectaron indicios de lagos antiguos en 55 emplazamientos, además de conchas fósiles.
¿Qué alcance tienen estos resultados para las migraciones humanas?
Sugieren que los modelos de dispersión que ignoran la geología pueden sobreestimar las zonas habitables. Tener en cuenta la disponibilidad de piedra permitiría comprender mejor las rutas de poblamiento antiguas.
Fuentes
Síntesis original redactada con ayuda de inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, verificada automáticamente y traducida del original en francés. La información y las citas pertenecen a sus autores. Leer el original en francés.


